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Tu cara delata si mientes o no, aunque intentes cambiar tus expresiones faciales.

Los científicos han descubierto en la Universidad de New York que a pesar de ser un mentiroso muy hábil quienes pueden controlar su lenguaje gestual, no pueden controlar todos los gestos que indican la mentira, ni hacer que esa cara de poker dure mucho tiempo.

Tras filmar interrogatorios con los voluntarios para el estudio, el equipo de científicos analizó fotograma a fotograma, los gestos que las personas habían realizado. Unos mentían, otros no. Para complicar la cosa, los investigadores pidieron a los voluntarios que intentarán suprimir y controlar sus gestos cuando decían una mentira. Tras estudiar detenidamente las respuestas y gestos de los participantes, aún cuando estaban intentando fingir, Frank se dio cuenta de que si bien los indicadores de la mentira pueden ser minimizados, ni mucho menos pueden ser controlados y suprimidos de la conducta de un mentiroso. A pesar de ello, la mayoría de participantes que habían mentido, tenían la impresión de que habían controlado los músculos de su cara a la perfección.

Hay gente muy hábil, mentirosos patológicos y criminales demasiado inteligentes. Muchos de ellos son capaces de burlar no solo los interrogatorios policiales, sino también al polígrafo. Por ello, el avance en la ciencia de los microgestos podría ser un arma poderosa para criminalistas y fuerzas de seguridad. Hasta ahora, se desconocía si las personas podían controlar los gestos faciales y los músculos al mentir. Ahora se sabe que no es posible.

La lectura de rostros: una ciencia con historia

Paul Ekman, quien figura entre los 100 psicólogos más destacados de la historia, es uno de los padres de esta ciencia. Fue de los primeros en estudiar y analizar las emociones y su relación directa con la expresión facial, recibiendo varios premios de investigación por ello. Descubrió las microexpresiones, gestos de nuestro rostro que no solo no podemos controlar, sino que además son básicas y biológicamente universales, es decir, igual para todas las culturas. Dentro de la lista que elaboró Ekman en 1972 y que fue ampliada en 1990 (no todas basadas en músculos faciales) se encuentran, por ejemplo, la ira, la rabia, el miedo, la repugnancia, la tristeza, la sorpresa, la culpa, el orgullo o la felicidad.

Noticia cedida por chatconvideo.com